Saturday, April 30, 2011

In memoriam


"Antes, la muerte era la demostración de la crueldad de la existencia. El hecho que empequeñecía y hasta ridiculizaba mis prometeicas luchas cotidianas. Lo atroz. Solía decir que a la muerte me llevarían con el auxilio de la fuerza pública. Así expresaba mi decisión de luchar hasta el final, de no entregarme jamás.

Pero ahora que la muerte está vecina, su cercanía me ha irradiado una comprensión que nunca tuve; en este atardecer de verano, la historia de lo vivido está delante de mí, como si yaciera en mis manos, y hay horas en que los tiempos que creí malgastados tienen más luz que otros, que pensé sublimes.

He olvidado grandes trechos de la vida y, en cambio, palpitan todavía en mi mano los encuentros, los momentos de peligro y el nombre de quienes me han rescatado de las depresiones y amarguras. También el de ustedes que creen en mí, que han leído mis libros y que me ayudarán a morir."


La resistencia, mayo del 2000
Ernesto Sábato.

24/06/1911 - 30/04/2011

Las cinco familias

El insulto a la inteligencia y el mordaz agravio graficado en machacamientos incesantes contra un candidato y el implícito apoyo hacia la otra, hace pensar que son los medios quienes lideran y toman esta batalla como propia. Más no, pues si el grupo informativo más grande del país y todos sus tentáculos mueven cielo, mar y tierra; esto más allá de propia convicción obedece a órdenes. Órdenes que se zurran en la memoria de los torturados, asesinados y olvidados. Órdenes que se cagan en la ética y la perspectiva de un país mutilado de pensamiento tan sólo por el antojo de no perder su peculio. No son Mariátegui, ni Rosa María, ni Vargas ni los súbditos acólitos que leen telepronters en diferentes horarios; son un manojo pequeño de mazones que cuidan tan sólo su inmunda progenie. Es a ellos a quienes hay que ahora denunciar, porque les importa una mierda la gente a la que se deben, y porque sencillamente no les interesa nada, sino vivir el cielo artificio de una vida perfecta, que la muerte misma no castiga ni excreta.




Estos son, aquí están, y para siempre su memoria debemos dilapidar:



Mario y Pedro Brescia - US$ 4,493.00 millones - MINSUR, AFP Horizonte, Rímac Seguros





Alberto Benavides de la Quintana - US$1934.00 millones - Minera Buenaventura





Jorge y Vito Rodriguez Banda - US$ 694.00 millones - Grupo Gloria





Dionisio Romero - US$ 1305.00 millones - BCP - ALICORP



Grupo Wong



A estos rostros visibles se adicionan miles de anónimos que bucean en arcas de la extracción y se retuercen en el óbice del dispendio. Vale pensar que son tan pocos los que se sirven las cucharadas, que somos las hormigas lamiendo el azucar que se les cae.


Saturday, April 23, 2011

transmission



dance, dance, dance!!!

Thursday, March 24, 2011

echoes


La noche avanzaba en planetaria caravana y ya casi es la una del nuevo dia. Admito que al tercer segundo eché el uniforme y el discurso hipnótico de la tierra cóncava en la inmersión añorada, al efluvio marino de la bruma de otoño, oleaje de avenida, luz azul, mujer, solo... La cereza feliz alumbra, caleidoscópica, las falanges translúcidas, y ya no me quedo, rictus de abandonos en el rostro magro y molestias transpiradas en el socabón electrónico acarician el cabello del que se desploma con dulzura sobre los ficus de la abuela y el patio de paredes carcomidas .. por el agujero universo... la correspondencia sonora no asegura resurrección alguna pero retiene lágrimas y arroja pétalos de ser, hermano, hermano mío, derramándose en amores y cielos untuosos escarlatas.. aahh nuestra adorada Extasíndrome, detente, te lo pido, muestrame los fuegos de los antiguos aquelarres, yo te lo pido, acomódame en el vértice ondulado de tu playa lunar y siénteme la respiración en la piel monumental, estremecida a veces, por los rayos de Marte, la alucinación divina, las hormigas utópicas.


Texto de: Eduardo Braga Maldonado

Wednesday, March 16, 2011

119


A tu salud, maestro...
hombre,
mamífero,
dios.

Tuesday, March 01, 2011

La búsqueda de la fecalidad

Antonin Artaud (1896-1948)


Allí donde huele a mierda
huele a ser.
El hombre hubiera podido muy bien no cagar,
no abrir el bolsillo anal,
pero eligió cagar
como hubiera elegido vivir
en vez de aceptar vivir muerto.

Para no hacer caca,
tendría que haber consentido
no ser,
sin embargo, no se decidió a perder
el ser,
es decir, a morir viviendo.

Hay en la existencia
algo particularmente tentador
para el hombre
y ese algo es
LA CACA
(aquí, rugido)
Para existir basta con dejarse ser,
pero para vivir
hay que ser alguien,
hay que tener un HUESO,
hay que atreverse a mostrar el hueso
y a olvidar el alimento.

El hombre prefirió más la carne

que la tierra de los huesos.
Como no había más que tierra y bosque
de huesos
tuvo que ganarse su alimento,
no había mierda
sólo hierro y fuego,
y el hombre tuvo miedo de perder la mierda
o más bien deseó la mierda
y para eso, sacrificó la sangre.
Para tener mierda,
es decir carne,
donde sólo había sangre
y chatarra de osamentas,
donde no tenía nada que ganar
y sí algo que perder: la vida.

o reche modo
to edire
de za
tau dari
do padera coco

Entonces, el hombre se replegó y huyó.

Lo devoraron los gusanos.

No fue una violación,
Se prestó a la obscena comida.
Le encontró sabor,
aprendió por sí mismo
a hacerse el tonto
y a comer carroña
delicadamente.

Pero, ¿de dónde procede, esa despreciable abyección?

De que el mundo no está ordenado todavía,
o de que el hombre sólo tiene una pequeña idea
del mundo

y quiere conservarla eternamente.

Proviene de que, un buen día,
el hombre
detuvo
la idea del mundo.

Se le ofrecían dos caminos:
el infinito exterior,
el ínfimo interior.
y eligió el ínfimo interior,
donde sólo hay que estrujar el bazo
la lengua
el ano
o el glande.

Y dios, dios mismo aceleró el
movimiento.

Dios ¿es un ser?
Si lo es, es la mierda.
Si no lo es
no existe.
O bien sólo existe
como el vacío que avanza con todas
sus formas
y cuya representación más perfecta
es la marcha de un grupo incalculable de
ladillas.

¿Está usted loco, señor Artaud, y la misa?"

Reniego del bautismo y de la misa.
No hay acto humano
que, en el plano erótico interno,
sea más pernicioso que el descenso
del supuesto Jesucristo

a los altares.
No me creerán
y desde aquí veo cómo el público se encoge de hombros
pero el llamado Cristo es quien
frente a la ladilla-dios
aceptó vivir sin cuerpo
mientras un ejército de hombres,
descendiendo de la cruz
a la que dios creía haberlos clavado desde hacía mucho,
se rebeló
y ahora esos hombres
armados con hierro,
sangre,
fuego y osamentas
avanzan, denostando al Invisible
para terminar de una vez con el JUICIO DE DIOS.

Monday, February 14, 2011

Wednesday, February 02, 2011

...

"En fin, mi querido amigo, usted me tiene el aspecto de estar en un buen aprieto, y su disgusto me aflige, pues podría emplear más agradablemente su tiempo. Es necesario, entienda usted, jovencito, que es necesario trabajar más que eso. Llego a suponerlo demasiado díscolo. Demasiadas mujeres, demasiado remo, demasiado ejercicio. Sí, señor, la civilización no ha tenido tanta necesidad de locomoción como pretenden los médicos. Usted ha nacido para hacer versos. ¡Hágalos! Todo lo demás es vano, comenzando por sus placeres y su salud. Métase esto en su cabeza. Además su salud se encontrará bien si sigue su vocación. "

Gustave Flaubert

Saturday, December 25, 2010

horizontal...

David Crosby - Traction in the rain

Thursday, November 04, 2010

El vivir


Habían tardado tanto para finalmente hallarlo, que el regocijo silencioso de sus cavidades latentes los hizo un temblor de emoción. Diez semanas hurgando en lo recóndito de aquel distrito sereno y aledaños; para encontrar la pieza enana que sería la morada que reivindique ese deseo cavernario de asentarse y a fin de cuentas hacer ello que llaman convivir. Su diseño para roedores contenía un hall de techo bajo, y tras él, la habitación serena de metraje constreñido que se erigía con sus paredes desgastadas y el zócalo rancio. Se dejaban ver las huellas de algunos infantes a escasa altura y enternecían por su evidente vejez las manijas de las puertas y el pálido color del clóset que indicaba el cansancio de aquella habitación de propietarios ambulantes y empleados pasajeros que subyugados al ritmo de una vida atarantada, se quedaban a habitar dicho apartamento escasas horas de las cuales su mayoría fueron de pernocte. Sin embargo, fuera de su espacio retaco y el descuido de sus frentes, el lugar era ideal. Comprometía el presupuesto necesario de la emprendedora pareja y acorazaba con cemento sus ansias de explayarse en lo pequeño con sus escasos muebles y sus aún frescos deseos de comerse carne a carne entre el suelo y el futón. Las noches de vino barato a la luz de las velas y el hálito repleto de bocanadas de cigarrillo, se sumergía en el sonido de los discos que hasta hoy juntos no había podido escuchar, sino en la soledad de sus silencios, y en el pensamiento que hoy acentuaba dicho recinto como su incipiente hogar.

Toda mañana tropezaban consigo mismos y confundían los dentífricos. Servían apurados el café y dejaban distendida su vida nebulosa de la noche. Ese caos crepuscular y ese violento sacudón en la ducha donde se encorvaban; les eran suficientes para entender que toda muerte empezaría con una vida tan sucinta que todo ello valía la pena por ser sufrido y tan suyo que no importaba nada más. En el correr de los minutos apresuraban el diario enfundado, y con piel de ciudadano - luego de ser los mismos changos que se rascan y apestan – emergían a esa ciudad que negaban desde su guarida, desde la morada fría que hicieron suya y dulce presente de una nueva vida.

Los primeros meses sembraron el rito. Noche a noche cosechaban frente a frente las conclusiones de los días desperdiciados y adjuntaban al silencio las declaraciones autistas de sus ojos rojos y sus pies remojados. Daba gracia verlo a él, lavando sus prendas y las trusas ajenas; y asomaba la risa al escuchar el remilgo de ella en el oficio doméstico de planchar por duplicado. Todo era una caricia mental de la vida, que se burlaba al ver nuevamente dos vidas cansinas. Empero, el trajín clásico de Medioevo, no se anteponía a sus lechos aún febriles; y los gemidos tapujados por la hermética habitación, se adornaban a la luz de la lámpara tenue que dibujaba la excitación en las paredes con sombras mutantes de los cuerpos fulgurantes en fusión; una cárcel del deseo sin tregua donde la muerte les llegaba en cada pérdida de aliento y se embriagaban de sudor.

Más, extrañamente, las noches de sueño plano se vieron corroídas. Primero fue la espesa sensación de un frío puntiagudo a los pies de la cama, luego el incesante silbido a las 2:13 de cada madrugada y por último las crujientes puertas que sin brisa ni corriente se entreabrían a velocidad de hormiga. El acurruco acostumbrado se veía turbado por la contemplación de sus pies helados. Más, cuando por fin conseguían hacer de sus cuerpos juntos un remanso, allí estaba nuevamente el incesante silbido. Entre legañas él llegó a descifrar una melodía… vieja, tierna, pero de origen escasamente recordable. El carcomido de la puerta desesperaba al punto de sentirse ya no los únicos habitantes, y cada sueño se les hacía más difuso, y cada abrazo más torpe. El miedo impregnado en cada esquina se sucedía en desencuentros, y el coctel almibarado de los primeros días se ponía agrio.

La madrugada del séptimo mes en el séptimo día, el torrente gélido se hizo más fuerte asentándose en cada rincón, y la melodía silbada empezó a descascararse al punto de intuirse su origen en la bruma de recuerdos arpegiados de los dos. Los crujidos rampantes los hicieron abrazarse y los 4 hoyos de su rostro, se encendieron perlados encontrándose decididos a exterminar toda duda. El centelleo de una luz pálida tras la cortina los hacía pensar que tras la ventana se encontraba la respuesta a ese pesar sin tregua. Y ambos, cogidos de la mano, temerosos y expectantes, pisaron el suelo antártico y dieron pasos tímidos e infantes, para al abrir de las telas verticales y el empujar de los ventanales, sentir la brisa fría de todas sus inseguridades, cuando la calle está tan sola y una lluvia efímera rosea el vaho de los basurales.

Saturday, October 23, 2010

Tan próximas lejanías

I

Sabía que sus días eran bobos, pero nunca imaginó llegar a tanto. Su molde ya era harto conocido y hasta empezaba a asimilarlo. Yo comenzaba en realidad a encontrarlo gracioso; pues había adoptado “sus” maneras y hasta se vestía guardando los patrones decálogos. ¡Era ya un trabajador!

Pero quiero que entiendan esta risa que escribe. Sus calzados estaban briosos y hasta hacían muecas de nuevecito al tronar con el suelo. Su camisa tiraba como la tensión de una ofrenda a la plancha… y me animaría a decir que hasta su rostro. Rostro que adulteraba la cortesía con los remilgos de medio labio y el pensamiento escrito en cada pliegue de su frente. Más no podía dejar de embargarme la tristeza al enfrentar el sudor con su cuello almidonado y estrangulado de esa juguetona corbata. Nunca hubo vestimenta más peligrosa para un hombre distinto de alma, y de corazón de franela. Y es que la ironía de su pescuezo sujeto a esa horca perpetua que simulaba los percheros de las tiendas agónicas del Centro, que bajo una luz convaleciente se resisten a los años aún exponiéndose tan tristes y tan perecederos.

A veces puedo verlo sentado, hinchándose en la contracción de forma de h, y siendo un tétrico monumento al volver a hacerlo. Un sincopado acorde de lamento urbano en cada dedo, que se quebraba al llanto hasta por las falanges. No había que decir más… este sujeto al margen de ser ya un cadáver envuelto, era un símbolo de corrosión; de planta ajada por los pasos, y somnoliento cabello de elegante tristeza. Este hombre se agosta en cada semana, y borró los carnavales de su diario, para volverse víspera eterna, víspera de un 1ro de Noviembre nunca llegando.

Más, había capturado en oportunidades -muy escasas para mi- ligeros esbozos de sonrisa. Quizá reflejos de las mejillas o suspiros de las cejas; pero ello me extrañaba. Y me extrañaba en demasía la sinceridad de sus pómulos ante esas fracciones microbias de entusiasmo. Posturas más que ajenas al templo rutinario del soporte de nuestro electo sistema impuesto por continentes lejanos.

Veía yo extrañado, esa inclemente mirada enflechada al cuadrado, que de a pocos se estiraba en jocosas remangadas de un hombre que parecía alistarse para un zambullido. Como si estuviera dispuesto a cabalgar sin casco en terrenos espolvoreados de húmedos cráneos baleados. ¿Realmente era este el potencial de un crucificado andando?; ¿un entusiasmado ante el empleo que calculaba y arremetía contra las tablas y encuadrados?

Algo debía apestar… es más, tenía que necesariamente oler pésimo. No cabía en mis esquemas (nada simétricos por cierto) el que este sujeto de huesos fidedignos se esté acartonando y prensando como en proceso de Fordismo aclamado. Esto me escarapelaba y hasta estremecía las ingles de mis huestes poco mostradas. Debía yo adquirir la valentía de una vieja de cuadra, que sumada en sus ruleros y legañas se agolpaba hasta la puerta para preguntarle esa incómoda duda que le quedaba. Tenía que vestirme de mandil empapado para encapsulado en humedad sentirme tan fresco como para increparle tanta responsabilidad novata. Tanta convicción americana. Era hora de espiarlo.

Para ello, en mi cabeza no hubo mucho planeamiento de escabrosa investigación, pues aún él mantenía el espíritu de himen inocente… que se abre creyendo en un inicio en leales visitas de portentosa actitud, y no sabe que solo se mancha de visitantes pasajeros.
Debía entonces sólo aguardar a su cuadrado horario de cuartel, y amotinarme a su ordenador ni bien haya ídose al deguste de sacarosas y prensadas soluciones más que salinas. Lo cual sería propicio para escabullirme de las vistas y explorar el por qué de su nuevo ánimo.


II

Al agonizar la hora de las 2 puntas enclaustradas, estaba ya presto para el espionaje. Mi actitud debía ser adusta y serena, pues no debía levantar sospecha alguna. Más, al agolparse la hora media en la que arrancan los cubiertos, un alma no quiso dejar en el pasado el verbo: se apostó. Y es que mi favorito inocente, mi motivo de lucubraciones, no se erigió, y continuó en suculento deleite frente a su máquina de ahora adoraciones.

Mi presencia no le perturbaba en lo más mínimo, y su entereza se veía involucrada en una sola dirección, la de sus manos deletreando incólumes oraciones. No podía distinguir en medio de tanta velocidad su propósito conceptual, pero era ya evidente que algo se construía y se derrumbaba, que algo se paría y se abortaba, que algo a fin de cuentas… se creaba.

Entonces tuve que mostrar un ambiente que no altere la normalidad de la rutina, y en cuestión de minutos también me retiré. Empero, mi constancia en la intriga era demasiada, y me aposté en las lindes de un ángulo que me permitiera saber si su estigma de esa oficina saldría. Lo cual, tras sendos minutos sucedió.

No me importó entonces el habitual hambre de mediodía, ni el que olvide la tarde retorciéndome en las llagas de la gastritis, porque en segundos, sabría qué contuvo a mi let motiv ocular, a tornarse tan entregado al empleo, tan extrañamente y voluntariamente un ser oficinesco. Más, a mi acercamiento a su discreto asiento, se aperturaron los remordimientos propios de un novato criminal, que ante el vestigio de su pronta acción inmoral se develaba como un torpe. Otra vez un maldito fisgón que recordaba sus noches espiando otras cortinas… esperando ver unas piernas entregadas al goce, un suceso poco habitual de su espíritu cansino en la orbe.

Más, proseguí… como una ardilla temerosa ante su preciada nuez… y tome posesión de los actos de mi hasta ahora, motivo de admiración y lástima… más, lo único que encontré como parto de esos movimientos extraños, fue una frase escrita en cuatro líneas que esbozaba algo que presentía como un poema, y decía:


La vida me es una costumbre hecha
Un pasaje recorrido que tiene una sola ventana
La del espía de enfrente, que me apena en su tristeza
Tan poca sustancia de hombre sin esencia.



Saturday, October 09, 2010

Wednesday, October 06, 2010

El guardián del hielo


Y coincidimos en el terral
el heladero con su carretilla averiada
y yo
que corría tras los pájaros huidos del fuego
de la zafra.
También coincidió el sol.
En esa situación cómo negarse a un favor llano:
el heladero me pidió cuidar su efímero hielo.
Oh cuidar lo fugaz bajo el sol...
El hielo empezó a derretirse
bajo mi sombra, tan desesperada
como inútil

Diluyéndose
dibujaba seres esbeltos y primordiales
que sólo un instante tenían firmeza
de cristal de cuarzo
y enseguida eran formas puras
como de montaña o planeta
que se devasta.
No se puede amar lo que tan rápido fuga.
Ama rápido, me dijo el sol.
Y así aprendí, en su ardiente y perverso reino,
a cumplir con la vida:
Yo soy el guardían del hielo.

José Watanabe
de "Cosas del cuerpo" (1999)


Friday, October 01, 2010

Los 10 años del niño


El ocaso del milenio daba náuseas. La última década había perpetrado más guerras, bombas de racimo, clonaciones, velocidad rampante, la consolidación del enriquecimiento abstracto y el establecimiento oficial de una vida parapetada frente a un ordenador. Todo ello quedó registrado en ese coloso de la angustia titulado “Ok Computer” en 1997, y Radiohead asomó como el puntal de una generación que podía decir algo desde la rabia y la desesperanza. Los medios, la industria y la nómade convivencia se encargaron de hacer trizas el espíritu del grupo y pusieron a Yorke al borde de la cornisa para entonarse a sí mismo ese verso estrangulante que dice: “I'm not here, This isn't happening”.

Al borde del quebranto e inseguros de su capacidad de poder hilvanar una sola canción; se cambiaron los métodos. Se despojaron de estructuras convencionales y sólo compusieron fragmentos. Abandonaron las guitarras para entretenerse con repeticiones desesperantes de bases electrónicas, y ahogaron la voz de la banda en un cúmulo de distorsiones y nuevas sonoridades. Selway rezagado; el mayor de los Greenwood estacionado en un solo acorde. O’brien casi sin cabida, Yorke ensimismado en espasmos y el multiinstrumentalista de los hermanos enredado entre cables y aparatos sofisticados; sólo daban cuenta de un rumbo incierto que da pequeñas señales que auguren una luz al final del túnel.

El caos como único norte creativo. La frustración aceptada como el punto final de cada trabajo y el peso de una disquera refunfuñando por otro hit melancólico que los haga más millonarios hacían de Kid A un parto doloroso. Fragmentos escritos y depositados en un sombrero terminaban por conformar las letras; y quedaba patente el miedo de Yorke a la nueva era, al desastre glaciar, al limbo del desarrollo de la humanidad y a su propio desastre interno.

Kid A es todo eso y más, y hoy; que se escuchan sus primeros acordes en el hammond, deambulando por loops y trombonazos de avant garde; uno siente a Mingus y Aphex Twin batidos en una licuadora, queriendo ser optimistas en la soledad de un océano inconmensurable donde la impotencia sólo puede ser derrotada con un nuevo ser humano. Radiohead parió un nuevo registro de la existencia con un infante reprogramado; y hoy que el niño cumple 10 años, se sabe que en nada se han equivocado, y sólo pueden seguir observando esta película, con la que nos despediremos cerrando como ellos mismos dicen: “I will see you, in the next life”.

Tuesday, September 28, 2010

40 años


"Quiero hacer una música tan perfecta que se filtre a través del cuerpo y sea capaz de curar cualquier enfermedad"

Wednesday, September 22, 2010

pensando como civil (aveces)


Lo más probable es que en estas elecciones gane Villarán, y digo probable porque la derecha en su práctica, ha demostrado recurrir a cualquier método en aras de la defensa de sus intereses (véase el manual de Barba Caballero para ganar elecciones en su columna de Correo del 20/09). Empero, estamos ante una situación peligrosa en la que la izquierda se afana en sobreestimarse como reconstituida y articulada, cuando la verdad es que la tacha a Kouri configuró el escenario para que el rostro carismático con tono sobrio de Villarán empelle en los porcentajes.

La reflexión se da en el escenario por el cual muchos promotores del mayor desprestigio de la izquierda (que de paso mancilló el lustre del gremio educativo hasta el foso) puedan obtener cotas de poder con las cuales se obnubilen al punto de sentir mayor derecho en la toma de decisiones en sectores gravitantes. Es en este periodo (hipotético escenario de triunfo) en el cual se demostrará si no veremos a un sobrino “emeneista” atendiéndonos en una ventanilla o a nuevos directores de un aparato estatal y burocrático que orbite en alumbre, soberanamente encorbatados.

Dado que la izquierda no ha replanteado en su mayoría sus programas, este periodo con esmalte de casualidad es una moneda al aire. Hoy la izquierda pretende asumir con la misma practicidad de la derecha los objetivos mediatos, pero ¿existe consenso sobre lo que la izquierda quiere? ¿Alguna vez lo hubo? Estoy seguro que muchos piensan en la acumulación de fuerzas y el avance estratégico; y seguro hasta cavilan en encausar la revolución desde la puerta de los fueros ediles. Sinceramente, el devenir del triunfo de una amalgama que aún no seca puede profundizar la caries.

Ahora, en el panorama nacional comparto la opinión vertida por el periodista Marco Sifuentes en su blog; y cito: “La idea de los K-K es ésta: se bajan a Lourdes, Villarán llega a la alcaldía, investiga a Castañeda (Relima, Comunicore, Lentopolitano, Línea Amarilla y demás joyazas) y en menos de dos meses de deshicieron del Mudo. Eso significa un rival menos para Keiko, que, por cierto, es la candidata favorita de tu amigo el conductor y su entorno. Además, con la izquierda en la alcaldía pueden empezar a levantar el cuco del terrorismo, inventando senderistas por todo el aparato municipal, como hizo Altuve el día del debate. Ellos creen que, ante el fantasma de Sendero, la gente volvería a pedir al Chino.”. Este párrafo da cuenta de que la izquierda (en cualquiera de sus mutaciones) si da muestras de carecer de programa y capacidad para conciliar y ejecutar programas con eficiencia y transparencia; haría retroceder todo lo poco que se ha avanzado.

Escribo esto con deber de ciudadano, pero sin sentimiento propio; porque lo que realmente me preocupa es el deseo que se tiene de Lima. Pues de la impresión que deja el deseo de la mayoría, parece que quisiéramos hacer de Lima un “Palo Alto”. Hoy Lima tiene viviendas más caras y más pequeñas; pistas más anchas y veredas más angostas; y la espiral del vértigo al que se somete la ciudad sólo da ganas de regurgitar y tensar la soga. Y parece que cada vez queremos más velocidad y neón; y más asfalto sin dirección y un cielo eternamente mustio que cobije el soundtrack rabioso de la bocina y la ciudad en vitrina. Habría que actualizar a Salazar Bondy, porque pasamos de ser una Lima terriblemente horrible a una Lima horrendamente huachafa.

Sunday, August 22, 2010

ceniza...


Goodbye pork pie hat - Charles Mingus



"Todo hombre que sufre se vuelve observador"
Julio Ramón Ribeyro

Tuesday, August 17, 2010

Carta a la madre



Por CHARLES BAUDELAIRE
Traducción de Roberto Monsberger, 1993, España (Barcelona).
Editorial Grijalbo-Mondadori.
6 de mayo de 1861

Mi querida madre, si posees realmente un alma maternal y si todavía no estás harta, ven a París, ven a verme, e incluso ven por mí. Yo, por mil razones terribles, no puedo ir a Honfleur en busca de lo que tanto desearía, un poco de ánimo y unas caricias. A fines de marzo te escribía: ¿Volveremos a vernos algún día? Me encontraba en una de esas crisis en que uno contempla la terrible verdad. No sé lo que daría por pasar unos días a tu lado, tú, el único ser de quien pende mi vida, ocho días, tres días, unas horas.

No lees mis cartas con atención; tú crees que miento, o al menos que exagero, cuando hablo de mis desesperaciones, de mi salud, de mi horror a la vida. Te digo que querría verte y que no puedo correr a Honfleur. Tus cartas contienen numerosos errores e ideas equivocadas que la conversación podría rectificar y que volúmenes de escritura no bastarían para destruir.

Cada vez que tomo la pluma para exponerte mi situación, tengo miedo de matarte, de destruir tu débil cuerpo. Y yo estoy sin cesar, sin que tú lo sepas, al borde del suicidio. Yo creo que tú me quieres apasionadamente; ¡está tan ciego tu entendimiento, pero tienes tanta grandeza de carácter! Yo, de niño, te he querido apasionadamente; más tarde, obligado por tus injusticias te he faltado al respeto, como si una injusticia materna pudiese autorizar una falta de respeto filial; y con frecuencia me he arrepentido, aunque, según mi costumbre, nada haya dicho. Ya no soy aquel niño ingrato y violento. Largas meditaciones sobre mi destino y sobre tu carácter me han ayudado a comprender todas mis faltas y toda tu generosidad. Pero, en resumidas cuentas, el mal ya está hecho, hecho por tus imprudencias y por mis faltas.

Es evidente que estamos destinados a queremos, a vivir el uno para el otro, a acabar nuestra vida lo más decorosa y lo más tranquilamente que sea posible. Y no obstante, en las circunstancias terribles en que me encuentro, estoy convencido de que uno de nosotros matará al otro y de que terminaremos por matarnos mutuamente. Después de mi muerte, tú no podrás seguir viviendo, eso está claro. Yo soy el único motivo que te hace vivir. Después de tu muerte, sobre todo si murieses a consecuencia de un choque causado por mí, me mataría, eso es indudable. Tu muerte, de la que hablas a menudo con demasiada resignación, no modificaría en nada mi situación; el tutor seguiría (¿por qué no iba a seguir?), todo se quedaría sin pagar, y yo tendría, además de la pena, la horrible sensación de un aislamiento absoluto. Matarme yo, es absurdo ¿no es cierto? «Entonces, piensas dejar a tu anciana madre completamente sola», dirás. A fe mía que si no tengo estrictamente derecho, creo que la cantidad de pesares que he soportado casi treinta años me haría digno de disculpa: « i Y Dios! » dirás. Deseo de todo corazón (¡y nadie mejor que yo puede saber con qué sinceridad!) creer que un ser exterior e invisible se interesa por mi destino; pero ¿qué hacer para creerlo?

(La idea de Dios me hace pensar en ese maldito cura. En medio de la penosa impresión que va a causarte mi carta, no quiero que le consultes. Ese cura es mi enemigo, tal vez por pura estupidez.)

Volviendo al suicidio, que no es una idea fija pero que reaparece en épocas periódicas, hay algo que debe tranquilizarte. No puedo matarme sin dejar en orden todas mis cosas. Todos los papeles que tengo en Honfleur están en una enorme confusión. Por lo tanto, tendría que trabajar duro en Honfleur, y una vez allí ya no podría irme de tu lado. Pues debes suponer que de ninguna manera iba a querer mancillar tu casa con una acción tan detestable. Además tú te volverías loca. Y ¿por qué el suicidio? ¿Es a causa de las deudas? Sí, y sin embargo, las deudas se pueden superar. Es, sobre todo, a causa de un cansancio espantoso resultado de una situación insostenible, demasiado prolongada. Cada minuto me demuestra que he perdido las ganas de vivir. Una gran imprudencia cometiste tú en mi juventud. Tu imprudencia y mis viejas faltas pesan sobre mí envolviéndome. Mi situación es atroz. Hay gente que me saluda, hay gente que me busca. Quizá la haya que me envidie. Mi situación literaria es mejor que buena. Podría hacer lo que quisiera. Me publicarán todo. Como tengo una clase de talento impopular, ganaré poco dinero, pero dejaré tras de mí una gran fama, lo sé, —siempre que tenga el valor de vivir. Pero mi salud espiritual, —detestable; tal vez perdida. Todavía tengo proyectos: Mi corazón al desnudo, novelas, dos dramas, de los cuales uno para el Teatro Francés ¿los haré algún día? Ya no lo creo. Mi situación en relación con la honorabilidad, espantosa, —eso es lo peor. Ni un momento de reposo, insultos, ultrajes, afrentas como no puedes hacerte idea y que corrompen la imaginación, la paralizan. Gano un poco de dinero, es verdad; si no tuviese deudas, y si ya no me quedase patrimonio alguno, SERIA RICO, fíjate en lo que te digo; podría darte dinero, podría sin peligro ejercer mi caridad con Jeanne. Volveremos a hablar luego de ella. Eres tú quien ha provocado estas explicaciones. Todo ese dinero se va en una existencia manirrota y malsana (pues vivo muy mal) y en el pago, o más bien en la amortización insuficiente, de antiguas deudas, en gastos de tribunales, en papel timbrado, etc...

Enseguida pasaré a las cosas reales, es decir actuales; pues, en verdad, necesito que alguien me salve y sólo tú puedes hacerlo. Quiero hoy decirlo todo. Estoy solo, sin amigos, sin amante, sin perro y sin gato ¿a quién contarle mis penas? No tengo más que el retrato de mi padre, siempre mudo.

Me encuentro en el mismo terrible estado de ánimo que experimenté en el otoño de 1844. Una resignación peor que la indignación.

Pero mi salud física, que necesito para ti, para mí, para mis obligaciones ¡esa sigue siendo la cuestión! Tengo que hablarte de ella por más que tú le prestes tan poca atención. No hablaré de esas afecciones nerviosas que me destruyen día a día y que anulan el ánimo, vómitos, insomnios, pesadillas, desmayos. Con demasiada frecuencia te he hablado de ellas. Pero es inútil usar de pudor contigo. Ya sabes que siendo muy joven tuve una afección virulenta, que más tarde creí totalmente curada. En Dijon, después de 1848, tuve un rebrote. De nuevo se pudo paliar. Ahora vuelve en forma distinta, de manchas en la piel y de una extraordinaria fatiga en todas las articulaciones. Puedes creerme, sé de lo que hablo. Puede ser que dentro de la tristeza en que estoy sumido, el terror me haga creer mayor el mal. Pero necesito un régimen severo, y no es con la vida que llevo como podré librarme de aquello.

Hubo en mi infancia una época de un cariño apasionado hacia ti; escucha y lee sin temor. Nunca te habré dicho tanto. Recuerdo un paseo en simón; acababas de salir de un sanatorio en donde habías estado recluida, y me enseñaste, para demostrarme que habías pensado en tu hijo, unos dibujos a pluma que habías hecho para mí. No dirás que no tengo una memoria tremenda. Más tarde, la plaza de Saint-André-des-Arts y Neuilly. ¡Largos paseos y mimos continuos! Recuerdo aquellos muelles tan tristes en el atardecer. ¡Ah!

Para mí fue la época feliz de las caricias maternales. Perdóname si llamo época feliz la que sin duda para ti fue tan mala. Pero estaba siempre presente en ti; tú eras únicamente mía. Eras a la vez un ídolo y un compañero. Quizá te sorprenda que pueda hablar con tal pasión de un tiempo tan lejano. Yo mismo estoy sorprendido. Tal vez porque una vez más he acariciado el deseo de morir, cosas tan alejadas se recorten tan nítidamente en mi espíritu.

Más tarde, sabes qué atroz educación quiso tu marido que se me diera; tengo cuarenta años y no puedo pensar sin dolor en los colegios, lo mismo que en el temor que me inspiraba mi padrastro. No obstante le quise y hoy, por lo demás, tengo la suficiente sensatez como para hacerle justicia. Pero es verdad que fue poco hábil hasta la obstinación. No quiero insistir, porque veo lágrimas en tus ojos.

Finalmente, pude hacer mi vida y desde ese momento se me dejó caer del todo. Sólo me atraía el placer, una excitación permanente; los viajes, los muebles preciosos, los cuadros, las mujeres, etc. Hoy recibo cruelmente el castigo por ello. En cuanto al tutor judicial, sólo una palabra: hoy sé del inmenso valor del dinero, y comprendo la trascendencia de todo lo que se relaciona con él; concibo que hayas podido creer que lo hacías con acierto, que trabajabas por mi bien; pero con todo una pregunta, una pregunta que siempre me ha obsesionado. ¿Cómo es que jamás no te planteaste en tu fuero interno la siguiente idea: «Es posible que mi hijo no llegue a tener nunca el sentido de lo que es comportarse en el "sino grado que yo; pero también puede ocurrir que llegue a ser un hombre notable en otros aspectos. En ese caso ¿qué haré yo? ¿Lo condenaré a una doble existencia contradictoria; por una parte a una existencia digna de respeto, odiosa y despreciada, por otra? ¿Lo condenaré a tener que llevar hasta la vejez una marca lamentable, una marca perjudicial, un motivo de impotencia y tristeza?». Es evidente que si no hubiera habido tutor, todo se lo habría llevado la trampa, no habría habido más remedio que tomarle el gusto al trabajo. Ha habido tutor, todo se lo ha llevado la trampa y soy viejo y me siento desgraciado.

Rejuvenecer ¿es posible? En eso radica la cuestión. Toda esta vuelta hacia el pasado no tenía otra finalidad que mostrar que puedo hacer valer ciertas disculpas, cuando no una completa justificación. Si notas algún reproche en lo que escribo, que sepas bien al menos que lo anterior en nada altera mi admiración por tu gran corazón, mi agradecimiento por tu abnegación. Siempre te has sacrificado. Lo tuyo es sólo el sacrificio. Menos razón que caridad. Yo te pido más, te pido, a la vez, consejo, apoyo, que nos entendamos completamente bien tú y yo, para salir de esto. Te suplico que vengas, que vengas, tengo los nervios al final de mis fuerzas, estoy a punto de que me falle el valor, a punto de perder la esperanza. Veo una continuidad en el horror. Veo mi vida literaria obstaculizada para" siempre. Veo una catástrofe. Por ocho días, podrías sin duda pedir hospitalidad a algún amigo, a Ancelle, por ejemplo. No sé lo que daría por verte, por abrazarte. Presiento una catástrofe y ahora no puedo irme contigo. París me es dañino. Ya por dos veces he cometido una imprudencia grave que tú calificarás más severamente; voy a acabar por perder la cabeza.

Te pido la felicidad tuya y te pido la mía, mientras todavía seamos capaces de conocerla.

Me has permitido que te confiase un proyecto, es el siguiente: Pido un término medio. Enajenación de una fuerte suma limitada a diez mil, por ejemplo, dos mil para liberarme ya; dos mil en poder tuyo para hacer frente a necesidades imprevistas o previstas, gastos en vivir, en ropa, etc., durante un año (Jeanne estará en una casa donde se le pagará lo estrictamente necesario). Por otra parte, luego te hablaré de ella. Una vez más eres tú la que lo ha provocado. Por último seis mil en poder de Ancelle o de Marin, y que se irán gastando poco a poco, sucesivamente, prudentemente, de manera que se puedan pagar tal vez más de diez mil y se evite toda conmoción y todo escándalo en Honfleur.

Ya tenemos un año de tranquilidad. Por mi parte sería un tonto de remate y un pillo redomado si no lo aprovechase en renovar fuerzas. Todo el dinero ganado durante ese tiempo (diez mil, a lo mejor sólo cinco mil) se depositará en tus manos. No te ocultaré el menor asunto, la menor ganancia. En lugar de tapar huecos, el dinero se seguirá aplicando a las deudas y así sucesivamente en los años venideros. De este modo, tal vez pueda, gracias al rejuvenecimiento operado ante tus ojos, pagarlo todo, sin que mi capital disminuyese en más de diez mil sin contar, es verdad, los cuatro mil seiscientos de los años anteriores. Y así se salvará la casa, que es una de las consideraciones que tengo siempre presente.

Si adoptases este proyecto de beatitud, me gustaría haberme mudado ahí de nuevo a fines de mes, quizás ahora mismo. Te autorizo a que vengas por mí. Sin duda comprendes que hay una multitud de detalles que no incluye una carta. En una palabra, quisiera que no se pagase ninguna suma hasta que tú no dieses tu consentimiento, hasta no haberlo debatido a fondo entre tú y yo, en una palabra, que tú te convirtieses en mi verdadero tutor. ¿Es posible que llegue uno a verse obligado a asociar una idea tan horrorosa a otra tan dulce como la de una madre?

En este caso, desgraciadamente, habrá que decirle adiós a las pequeñas sumas, a las pequeñas ganancias, cien por aquí, doscientos por allá, que supone la rutina de la vida parisiense. Entonces sería el turno de las grandes especulaciones, de los grandes libros, cuyo pago se haría esperar más tiempo. No consultes más que contigo misma, con tu conciencia y con tu Dios, ya que tienes la suerte de creer. No hagas partícipe de tus pensamientos a Ancelle a no ser con reservas.

Es una buena persona; pero tiene la mente estrecha. No puede creer que un mal sujeto por voluntad propia, que ha tenido que llamar al orden, sea un hombre importante. Me dejará reventar por cabezonería. En vez de pensar únicamente en el dinero, piensa un poco en la gloria, en el descanso y en mi vida.

En este caso, digo, no iría a pasar temporadas de quince días y de uno o dos meses. Sería una estancia permanente exceptuados los casos en que vendríamos juntos a París. El trabajo de las pruebas de imprenta puede hacerse por correo.

Otra idea tuya equivocada que debes rectificar y que reaparece una y otra vez en tu pluma. No me aburro nunca en soledad, no me aburro nunca a tu lado. Lo único es que sé que lo pasaré mal a causa de tus amigos, pero lo acepto.

Alguna vez se me ha pasado por el pensamiento convocar un consejo de familia o presentarme ante un tribunal. Bien sabes que tendría cosas muy sabrosas que decir, aunque sólo fuera esto: He producido ocho volúmenes en condiciones horribles. Puedo ganarme la vida. ¡Se me está asesinando con deudas de juventud!

No lo he hecho por respeto a ti, por consideración hacia tu horrible sensibilidad. Dígnate agradecérmelo. Te lo repito; me he obligado a no recurrir a nadie más que a ti.

A partir del año próximo, dedicaré a Jeanne la renta del capital restante y ella se irá a algún sitio en que no esté en una soledad absoluta. Esto es lo que le ha sucedido: su hermano la metió en un hospital para quitársela de encima y cuando ha salido ha descubierto que le había vendido una parte de su mobiliario y de su ropa. Desde hace cuatro meses, desde mi huida de Neuilly, le he dado siete francos.

Te lo suplico, paz, dame paz, dame el trabajo y un poco de ternura.

Es evidente que entre mis cosas actuales hay algunas horriblemente urgentes; así, he cometido de nuevo la falta, en medio de esos tejemanejes inevitables de los bancos, de apropiarme para mis deudas personales de varias centenas de francos que no me pertenecían. Me he visto absolutamente obligado a ello; ni que decir tiene que esperaba reparar el mal inmediatamente. Una persona, en Londres, me niega los cuatrocientos francos que me debe. Otra, que había de remitinne trescientos, está de viaje. Siempre lo imprevisible. - Hoy he tenido el terrible valor de escribir a la persona concernida confesándole mi falta. ¿Cuál va a ser la reacción? No tengo idea. Pero he querido quitarme un peso de la conciencia. Confío en que, por consideración a mi nombre y a mi talento, no se armará un escándalo y se querrá esperar.

Adiós. Estoy extenuado. Entrando en detalles de salud, no he dormido ni comido desde hace casi tres días; tengo un nudo en la garganta, - y hay que trabajar.

No, no te diré adiós, pues espero verte.

Por lo que más quieras léeme con mucha atención y trata de comprender.

Sé que esta carta te afectará dolorosamente, pero en ella hallarás a buen seguro un tono de dulzura, de ternura e incluso de esperanza que muy rara vez has oído.


Y te quiero.
CHARLES



tomado de: http://www.lamaquinadeltiempo.com