Monday, June 27, 2011



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Esencia del desprecio y el olvido de centurias bajo la cadena
Reconocido el mérito pero impago el servicio
De haber sido lomo y talón del edificio erguido
En cuanto látigo ha sido impuesto el castigo para ser sufrido.

Pero el negro se caga en lo absurdo
Y le da vuelta con desparpajo imberbe
Y se va a parajes inhóspitos para ser auténtico
Así sea con una sola media y mediante el rezo.

Mendocita o Nueva York
Castilla o La Boquita
Son el pordiosero hábitat de manos calentadas frente el cilindro heroico
Haciendo muecas del espanto
Y sonido de lo elástico.

Me reclamo de la estirpe de primaveras ocres
Y en serio monumento a la epidermis de segunda clase
Me aúno a la pedorrera
Para suelto en plaza el miembro de mito enorme
Hacer de hule de llanta una cuerda
Y hacer de cornetas de papiro una brisa
Y en saltimbanqui zapateo
Vivir muriendo cada sonrisa de esta jornada que no se alumbra
Ni para cuando el padre decida sacar de la correa su tunda.

Friday, June 17, 2011

jalando la cadena

Uno a uno, veo a cada fruto de mi generación atraído por la gravedad. No estamos solos ni acompañados, y las catapultas de entusiasmo son el efímero regazo que dios devela en la puerta de los juegos escurridizos que son los años. El tobogán renuente atestado de amasijos latentes que se proyectan en momentos, no es más que el saldo de un cotejo que parece perdido en los escondites del hado destino. ¡Qué fatalidad!

No empleo los ejemplos más disonantes ni miserables; sino los ternos enfundados opacando seres brillantes que la tierra absorbe hasta arrastrarnos. Abogados, tributaristas, economistas; tan patético sentido del quehacer que nos hace meros escombros sin huella. Si tan sólo se pudiera… Si tan sólo pudiera.

La derrota de emprender una y otra vez el calco nómade del baño, el vestido, el traslado, el deglute y viceversa; hacen del sueño una recompensa pútrida del discreto suceder. Calamidades cotidianas simuladas por pequeños triunfos como el de hallar un asiento en el bus atestado, o conseguir en el suelo una moneda, son las derrotas exitosas. Esos son los ágapes del alma expectorada en cada sello que atraviesa la mesa de partes de la muerte.

El problema sigue siendo la cobardía; y mientras tanto: la obesidad, las uñas largas y el inmenso ardor de sujetarse a cinco dedos la pierna remangada matando crías. El acto del valiente es la insania de sugerir que el orbe está demente y que se puede seguir creyendo en él, estando fuera de él. La catástrofe de la era fue descubrir que una manzana no se cae para arriba; y casualmente hizo que se suspendieran los vuelos de las mentes que quieren nadar en el asfalto y agitar las alas en pavimentos y desnudarse sin pudor en cada puerto del hablar y parecer correcto.

Allí donde nació la idea que pare la modernidad, se estancó el aburrimiento para hacer declive de nuestro humilde e incontenible proceso.

Friday, June 10, 2011

la mesa (mi mesa...)







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Vivimos en un mundo ambiguo, las palabras no quieren decir nada, las ideas son cheques sin provisión, los valores carecen de valor, las personas son impenetrables, los hechos amasijos de contradicciones, la verdad una quimera y la realidad un fenómeno tan difuso que es difícil distinguirla del sueño, la fantasía o la alucinación. La duda, que es el signo de la inteligencia, es también la tara más ominosa de mi carácter. Ella me ha hecho ver y no ver, actuar y no actuar, ha impedido en mí la formación de convicciones duraderas, ha matado hasta la pasión y me ha dado finalmente del mundo la imagen de un remolino donde se ahogan los fantasmas de los días, sin dejar otra cosa que briznas de sucesos locos y gesticulaciones sin causa ni finalidad.


Julio Ramón Ribeyro - Prosas apátridas (1975)